martes, 3 de junio de 2014

Capítulo 6

-¿Ah, sí? Pregúntamelo, por favor.

Parece nervioso. ¿Qué irá a preguntarme?

-Emm, ¿te gustaría acompañarnos al garaje?
-¿En serio? –Le pregunto, un poco intrigada.
-Sí. Me gustaría saber si te gusta la música que tocamos.
-Ahh.

Me quedo pensativa. Estoy deseando ir.

-Entonces, ¿vienes?
-¡Vale! Siento curiosidad por saber cómo es vuestra música –Y le muestro una gran sonrisa.

Él también me sonríe abiertamente. Seguimos andando y, un poco después, llegamos al portal del edificio en el que está mi piso. Saco las llaves y abro la puerta.

-¿Te importa si te acompaño hasta tu piso? –Me cuestiona Tom.
-No, para nada.

Subimos las escaleras (es un edificio de tres pisos, no tiene ascensor) hasta el segundo piso y entro.

-Adelante, pasa –Le digo.
-¿En serio no te importa?
-¡Por supuesto que no! –Otra sonrisa abierta mutua.

Estoy un poco nerviosa y no sé por qué. Será por dejar pasar a un chico que he conocido hoy mismo a mi piso.

Entra y mira un poco a su alrededor. Vamos al salón, que está un poco desordenado (había estado buscando un bolígrafo y me había olvidado de reordenar todo).

-Perdona el desorden, Tom.
-No te preocupes, estoy acostumbrado. Esto no es nada comparado con mi habitación en sus peores días.

Nos reímos. Aunque estoy nerviosa, me siento feliz. ¿Qué me pasa?

-Bueno, ¿te apetece beber algo? –Le pregunto–. Tengo agua, zumo de naranja y Aquarius.
-Zumo de naranja, si no te importa.
-Vale, ahora te lo traigo.

Salgo del salón y voy a la cocina. Cojo dos vasos, abro el frigorífico y echo el zumo tras agitarlo. Llevo los vasos con mucho cuidado (soy un poco torpe) al salón y los pongo en la mesita. Veo que Tom ya ha cogido asiento en el sofá. Yo me quedo de pie.

-¿Te apetece algo más?
-No, estoy bien –Me contesta–. Anda, no te quedes de pie. Siéntate aquí –Y me señala el hueco que hay a su lado.

Me siento junto a él. (¿Cómo es posible que no oiga los fuertes latidos de mi corazón?) Nos tomamos el zumo en silencio. Cuando lo terminamos, Tom vuelve a hablar.

-Me voy ya, no quiero ser una molestia.
-No, si no eres ninguna molestia.
-Pero es bastante tarde, y tienes que dormir, y yo también –Bosteza. Tiene unos dientes blanquísimos.
-De acuerdo  –Yo también bostezo–. ¡Me has pegado el bostezo!

En ese momento suena el móvil de Tom.

-¿Sí? (...) Ah, hola, Bill –Tapa el teléfono–. Mi hermano. Siempre es tan oportuno… –Me río. Él destapa el celular– . (...) Ajá. (...)Sí. (...)Vale, enseguida estoy ahí. (...)No me había dado cuenta de la hora. (...) Que sí, pesado, que voy ahora. (...) En veinticinco minutos o así estoy en casa. (...)Hasta ahora.
-¿Qué quería Bill?
-Oh, nada. Me ha dicho que es tarde y que vaya a casa ya. Como si tuviera derecho a mandarme lo que tengo que hacer. Si fuera mi madre, vale, pero él es el menor,  así que tendría que ser al revés, pero nada.
-Te entiendo perfectamente –Le digo–. Me pasa lo mismo con mi hermano.
-¡Ay, los hermanos pequeños! –Exclamamos los dos.

Nos volvemos a reír.

-Bueno, pues me tengo que ir ya –Me comenta Tom.
-Ten cuidado, anda, que es tarde y no sabes lo que te puedes encontrar a estas horas por la calle –Le aconsejo.
-No te preocupes, Leti, estaré bien –Me dice un poco con aires de chulito, pero no me importa–. Nos vemos mañana enfrente de la heladería.
-¿Por qué ahí? –Le pregunto, aunque creo saber la respuesta.
-Porque está cerca de aquí, y así no te pierdes –¡Lo sabía! –. Ya te llamaré para decirte la hora
-De acuerdo –Le sonrío–. ¡Hasta mañana!
-¡Hasta mañana!

Justo después se acerca a mí y me da un beso en la mejilla, pero bastante cerca de mis labios. Le acompaño a la entrada y se va tras despedirnos con la mano. Cierro la puerta, me voy a mi habitación y me pongo el pijama. Me tumbo en la cama y me quedo un rato pensando en todo lo que ha pasado hoy hasta que, totalmente agotada, caigo dormida. Ésa es la primera noche en la que Tom me visita en sueños.

Capítulo 5

-¡Hola, chicos, ya era hora! –Les dice Bill.
-Que no hemos tardado tanto, Bill –Comenta el del pelo castaño.
-Eso, sólo han sido diez minutos –Añade el moreno.
-Anda, callaos ya –Dice Tom.

Me río. Los otros chicos me miran.

-Chica nueva, ¿eh, Tom? –Comenta el castaño.
-Siempre estáis igual, chicos –Se queja Tom–. Dejad que os presente –Por Dios, que no les cuente lo mismo que a las chicas de antes; por Dios, que no lo haga; Tierra, trágame si se lo cuenta…–. Esta es Leticia, una estudiante española que ha venido a estudiar Traducción a la universidad –Uff, menos mal–. Leti, estos son Georg –señala al chico del pelo largo– y Gustav –Al de las gafas.
-Encantada. Tom me ha hablado un poco de vosotros –Nos estrechamos las manos.
-¿Y qué te ha dicho? –Me pregunta Georg.
-Bueno, que es el mejor de Tokio Hotel, pero que no dejáis de eclipsarlo para que no se note.
-Tom, te la has cargado –Dice Gustav.
-Sí, la acabas de liar pero buena –Añade Georg, frunciendo el ceño en dirección a Tom.
-¡Es broma, chicos! –Les digo.
-Ah, vale –Responden ambos.

Hay algo de silencio, no del tenso, sino de ese silencio que hay cuando te han gastado una broma y has caído a la primera.

-Me ha dicho Tom que te gusta el heavy metal –Le comento a Georg.
-Sí, me encanta –Me responde–. ¿Por qué lo dices?
-Porque a uno de mis amigos también le gusta mucho. Si quieres te paso su MSN.
-No hay ningún problema con el idioma, ¿verdad? –Me cuestiona.
-¡Por supuesto que no! No habla alemán, pero es una de las personas que mejor habla inglés que conozco.
-Vale, pásamelo ahora y lo escribo en el móvil.
-Ok, su MSN es xxxxxxxxxx@xxxxxxxx.xxxx

Lo escribe mientras se lo digo. Al terminar, cierra el móvil y se lo guarda.

-Bueno, ¿qué estabais haciendo antes de que llegáramos? –Pregunta Gustav.
-Comer pipas –Le responde Bill–. Coged unas pocas si queréis.

Nos pasamos un rato mirando el estanque y comiendo pipas. Cuando se acaba la bolsa, empezamos a hablar otra vez.

-Entonces, ¿ya habéis grabado una maqueta? –Lanzo la pregunta para ver quién me contesta antes.
-Pues sí –Me contestan los cuatro a la vez.
-Pero sólo la hemos vendido en nuestros barrios y alrededor de ellos –añade Tom–, así que lo de antes ha sido un poco raro.
-¿El qué de antes? –Pregunta Gustav con curiosidad mal disimulada.
-Nada, dos chicas que se han acercado para ver si éramos parte del grupo –Responde Bill.
-Ahhh –Excelente expresión de sentimientos a cargo de Georg y Gustav.
-¿Y qué les habéis dicho? –Cuestiona Georg.
-Que sí –Dice Tom.

Más silencio. Me fijo en que está oscuro ya y que está saliendo la Luna. No bostezo, pero no me faltan ganas.

-Chicos –comento–, no quiero ser un incordio pero seguro que tenéis algo que hacer mañana, ¿no?
-Yo, sí –Me contesta Gustav–. Tengo que ayudar a mis padres con la limpieza del piso.
-Y yo le prometí a mi madre que recogería y ordenaría mi habitación –Me dice Bill.
-Yo tengo que ir a hacer recados y comprar cuerdas para mi bajo –Me comenta Georg
-Pues yo no tengo nada que hacer –Nos comunica Tom, sonriendo y estirándose.
-¡Como siempre! –Dicen Bill, Georg y Gustav a la vez. Nos reímos todos, incluido Tom.
-Yo voy a ordenar un poco el piso en el que vivo, pero, aparte de eso, no voy a hacer nada más –Finalizo.
-Si quieres, te acompañamos a casa –Me ofrecen los cuatro. Miro a Tom de reojo. ¿Soy yo, o la idea no le agrada mucho?
-No hace falta, creo que puedo llegar sola y sin perderme.
-Si acaso te puedo acompañar yo –me dice Tom–, como no tengo que hacer nada mañana por la mañana...
-Bueno, vale –Le digo, sintiéndome bastante feliz e intentando que no se note mucho, aunque creo que no lo consigo, porque me parece ver una mirada cómplice entre Bill, Georg y Gustav.
-¡Hasta luego! –Nos despedimos ambos simultáneamente.
-¡Chao! –Se despiden los otros.

Cuando se han alejado, Tom y yo empezamos a andar despacio. Me da la mano (¿Por qué mi corazón late tan rápido? "Eso, ¿por qué? ¿Te has olvidado de Jared?" No sé por qué, pero me estás empezando a parecer un poco cansina, ¿sabes?).

-Perdona –me dice Tom, que (¿me lo estoy imaginando?) está un poco colorado–, es que no me gustaría que te pasara nada mientras te acompaño hasta tu casa.
-No te preocupes, no me molesta –Si él está colorado, yo soy un tomate maduro vivo. Menos mal que es de noche y no se nota tanto...

Seguimos andando. Se me acaba de ocurrir un tema de conversación (una cosa que ha dicho antes me ha dejado intrigada).

-Oye, Tom.
-Dime, Leti.
-Antes has dicho que no tienes nada que hacer mañana por la mañana. ¿Es que por la tarde sí?
-Sí, tenemos planes.
-¿"Tenemos"?
-Bill, Georg, Gustav y yo. Vamos a tocar un rato en el garaje de la casa de Gustav.
-Ahh.
-Hablando de eso, me gustaría preguntarte una cosa.

martes, 5 de noviembre de 2013

Capítulo 4

Nos quedamos mirando el estanque. De repente, oigo "La primavera", de Vivaldi.


-Perdón, es mi móvil-dice Bill. Descuelga-¿Sí? ¡Hola, Georg! ¿Qué haces? (...) Ah, ok. Pues nos vemos ahora. ¿Está Gustav contigo? (...) De acuerdo. ¡Hasta ahora! (...).


Cuelga.


-¿Era Georg?-le pregunta Tom.
-Sí. Dice que ha salido a dar un paseo y que viene hacia aquí con Gustav.
-¡Estupendo! Así se los puedo presentar a Leti y ella le puede pasar el MSN de...-me mira- ¿cómo se llama tu amigo?
-Arturo.
-...de Arturo. No me gastaré nada de saldo por eso.
-A no ser que ahora hablar con la gente en persona cueste dinero, que no creo que pase nunca-añado.
-Bueno, tal y como está todo, a lo mejor sí que pasa-dice Bill-, pero dentro de mucho.
-Es posible-comenta Tom.


De repente se oyen dos voces.


-Oye, ¿esos no son Bill y Tom, de Tokio Hotel?
-Creo que sí.
-¿Vamos a comprobarlo?
-¡Vale!


Llegan dos chicas. Una es algo más alta que yo, pero no mucho, tiene el pelo castaño con mechas rubias recogido en una trenza y lleva ropa tipo Zara, pero de la bonita. La otra es más bajita, morena con el pelo largo en una coleta y el mismo tipo de ropa que la otra chica. Parecen de mi edad.


-Hola-dice la rubia-. ¿Vosotros sois Bill y Tom, del grupo Tokio Hotel?
-Sí-contesta Bill-. ¿Por qué lo dices?
-Hemos escuchado vuestra maqueta y nos gusta bastante-esta vez habla la del pelo castaño-.Yo me llamo Natalia, y ésta es Mireya.
-Encantados-dicen ambos.
-¿Y esta chica quién es?- pregunta Mireya.
-Ésta es Leticia, una chica que vive por aquí-le responde Tom-. Se había perdido en una zona que no conocía y la hemos ayudado a llegar hasta aquí, que está cerca de donde vive.


¿Por qué les tienes que contar todo, Tom?


-Encantadas, Leticia-me dicen ambas.
-Lo mismo digo-les respondo con una sonrisa-. ¿Estáis estudiando algo?
-Sí-me dice Natalia-. Vamos a empezar Traducción en la universidad.
-¡Que coincidencia! Yo también voy a estudiar Traducción aquí.
-Entonces somos compañeras de clase-me comenta Mireya.
-Sí-le respondo, feliz por haber conocido a alguien que va a ir a clase conmigo.
-Nos tenemos que ir ya-dice Natalia-. Hasta otra, Bill y Tom. Encantada de haberte conocido, Leticia.
-Lo mismo digo-decimos Mireya y yo a la vez. Nos reímos.
-¡Nos vemos!


Bill, Tom y yo nos despedimos de ellas.


-Parecen simpáticas-comento.
-Sí-añade Tom.
-Estaría bien que las volviéramos a ver-dice Bill.
-¡Hola, Bill!
-¡Hola, Tom!

Llegan dos chicos donde estamos nosotros sentados. Uno es alto, tiene el pelo castaño, liso y un poco largo, y lleva unos vaqueros y una camiseta negra. El otro chico es alto también, lleva gafas rectangulares, es moreno con el pelo corto y viste unas zapatillas de deporte, una camiseta blanca y unos pantalones cortos grises.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Capítulo 3

El que habla es un chico un poco delgado, alto, con el pelo negro peinado en una cresta con flequillo, y con unos vaqueros pitillo y una camiseta negra.

-¿Pero tú qué haces aquí, Bill? ¿No te habías quedado ayudando a mamá en casa?
-Sí, pero hemos terminado enseguida, así que me ha dicho que saliera a hacer lo que quisiera, así que he venido aquí a comer algo de glucosa y unas cuantas calorías.
-Me parece que lo de presentármelos a todos se ha adelantado de fecha, ¿no?- le digo a Tom con una sonrisa un poco tímida.
-Pues sí-y me devuelve la sonrisa, aunque la suya es más abierta-. Muchas gracias, Bill.
-Ha sido un placer. Dime, ¿cómo se llama tu amiga?-dice Bill levantando un poco las cejas.
-Es Leticia.
-Hola-sonrío-Encantada.
-Lo mismo digo-me responde Bill con una sonrisa.

Me levanto y nos estrechamos la mano.

-Entonces tenéis, ¿cuántos? ¿Veintiún años?-Leti, eres un genio.
-Pues sí-dicen Bill y Tom a la vez. Nos reímos todos.
-Me pido un helado y ahora vengo, ¿vale, chicos?
-¡Vale, Bill!-decimos Tom y yo a la vez. Nos reímos de nuevo. Yo me pongo un poco roja ("¿Por qué te pones roja? Piensa en Jared. Menos mal que no te puede leer el pensamiento" ¡¡Que te vayas a hacer puñetas!!).

Bill va hacia el mostrador. Mientras está allí, Tom y yo seguimos con nuestra conversación.

-¿Qué más música te gusta, Tom?
-Bueno, hip-hop, rap, rock, alternativa, un poco el grunge, algo de pop-rock. ¿Y a ti, Leti?
-Casi cualquier cosa, menos una.
-¿Cuál?
-El heavy metal.
-A mí me gusta un poco, pero al que más le gusta es a Georg.
-Entonces se llevaría bien con uno de mis amigos españoles.
-¿Ah, sí?
-Sí. Le encanta esa música. Tiene un grupillo también, que se llama Goblins. No tocan heavy metal exactamente, pero su música está bastante bien.
-Pues me dices luego su MSN y se lo paso a Georg para que... no habla alemán, ¿no?
-No, pero habla muy bien inglés.
-Ah, entonces está bien. Luego me lo dices y se lo paso a Georg, ¿vale?
-Vale.

Bill vuelve y se sienta con nosotros.

-¿Hablabais de Georg?
-Sí-decimos los dos.
-Le estaba contando que tengo un amigo al que le gusta el mismo tipo de música que a Georg-le explico a Bill.
-Ammm.
-¿Qué música te gusta a ti, Bill?
-Un poco de todo: clásica, pop-rock, alternativa...Eso sí, el rap y el hip-hop no me hacen mucha gracia.
-Está bastante bien-le comento-, aunque a mí sí que me gustan.
-Mala suerte, hermanito-le dice Tom.
-Al menos le gusta la música clásica. Seguro que no se duerme con ella, como hacen otros.

Me río un poco. Tom y Bill me miran.

-Es que yo hago eso con mi hermano a veces, por eso me río-me explico.
-Ahh, valeee-dicen ambos.

Nos terminamos los helados, pagamos y salimos de la heladería. Todavía no es de noche, pero creo que falta poco para el anochecer. Me quedo con cara de "¿Y ahora qué hacemos?".

-¿A ti qué te apetece hacer, Tom?-le pregunta Bill.
-Ummm. ¿Qué os parece si compramos unas pipas y nos vamos a un parque que hay muy cerca de aquí?-(creo que lo de "muy cerca de aquí" va por mí).
-¿Acabamos de tomar un helado y quieres comer pipas?-le pregunto.
-Sí-me responde.
-Eso sólo se te podría ocurrir a ti, Tom-le dice Bill-, el que, aunque es un hombre, sigue insistiendo en llevar vestidos.
-Bill, ¿por qué siempre me dices lo mismo para insultarme?-le replica Tom-. ¡Sé original, obseso de la moda!

Me río. Ambos me observan extrañados.

-¿Te ríes otra vez por lo de tu hermano?-me pregunta Tom.
-Pues va a ser que sí.

Carcajada general.

-Bueno, ¿vamos al parque o no?-pregunto.
-¿No te has dado cuenta de que íbamos hacia él?-me cuestionan Bill y Tom a la vez.
-Pues...no.

Resulta que ya hemos llegado al parque. Es precioso. Hay muchísimos árboles y un estanque. Estamos frente a un quiosco. Tom pide una bolsa grande de pipas para los tres. Nos vamos a un banco que hay frente al estanque y nos sentamos a comer las pipas.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Capítulo 2

Seguimos hablando.

-Entonces ¿tienes un hermano?
-Sí. Se llama Bill.
-¿Y es mayor que tú o menor?
-Es diez minutos menor que yo.
-Entonces sois gemelos.
-Sí. ¿Tú tienes hermanos?
-Sí, uno.
-¿Y es más pequeño que tú?
-Sí, nos llevamos cinco años de diferencia. Se llama Javier.

Comemos un poco de los helados.

-Tenías razón, Tom, está riquísimo.
-Tú también la tenías, Leti, está de puta madre. ¿Cómo han podido crear algo tan jodidamente rico?

Silencio.

-Ups, perdón, he hablado como...bueno, no sé si lo conoces.
-Ibas a decir "como Eminem", ¿no?
-¡¿Te gusta?!
-¡Dios, sí!

Nos sonreímos mutuamente.

-¿A tu hermano y a vuestros amigos también les gusta?
-Creo que no, no se lo he preguntado nunca, pero cuando me suena el móvil me miran con una cara muuyy rara.
-¿Cuando te suena el móvil?
-Sí. Espera, te doy mi número y me haces una llamada ahora para que escuches mi tono de llamada. Es xxxxxxxxx.

Lo tecleo y le llamo. Al momento suena la canción "Just Don't Give A Fuck".

-¡Genial!
-¿Tienes esta canción, Leti?
-En el móvil, no. La tengo en el ordenador.
-Amm.
-Te toca llamarme.
-Vale-me sonríe.

Lo hace. Suena "My Band", de D12.

-¡Hostia puta!
-¿Qué?
-Es genial, Leti-me sonríe (otra vez).

Tomamos un poco más de nuestros helados.

-¿Cómo se llaman tus amigos?
-Georg y Gustav.
-¿Y son simpáticos?
-Yo creo que sí. Un día te los presentaré a todos, a Bill, a Georg y a Gustav.
-De acuerdo-le sonrío-. ¿Qué soléis hacer en vuestros tiempo libre?
-Bueno, tenemos un grupillo.
-Amm. ¿Cómo os llamáis?
-Tokio Hotel.
-¿Tokio Hotel?
-Sí. Se le ocurrió a mi hermano. Otra de esas ideas raras que tiene normalmente.
-Para nada. La idea fue TUYA, Tom. No me eches la culpa de las tonterías que haces-dice alguien que acaba de entrar en la heladería, justo mientras estoy comiendo un poco del helado.

jueves, 28 de junio de 2012

Capítulo 1

Es una tarde de un día soleado de mediados de septiembre, pero siento como si inmensas nubes negras de tormenta hubiesen tapado el cielo por completo. Me acaba de dejar mi novio, Jared, tras dar un paseo por uno de los parques de Berlín.

Perdón, no me he presentado. Mi nombre es Leticia, aunque todos me llaman Leti. Tengo dieciocho años y acabo de terminar segundo de Bachillerato. Vine a Berlín hace dos meses para aprender algo de alemán antes de comenzar a estudiar Traducción en la universidad de aquí. Llevaba saliendo con Jared desde hacía dos años, y me había acompañado en el viaje para que no estuviera sola antes de adaptarme y hacer nuevos amigos. No entiendo por qué dice que ha encontrado a alguien que lo quiere más que yo y que no tiene ningún complejo a la hora de... bueno, ya sabéis qué. ¿Qué importa eso si amas a la persona con la que estás? ¿Sabes que te digo, Leti? ¡Que le den! Él se lo pierde. Ya encontraré a alguien que me ame por lo que soy y no por....eso.

Me levanto del banco del parque en el que me ha dejado Jared y empiezo a vagar sin rumbo, absorta en mis pensamientos. Bueno L, me digo, como dice esa canción, "Un día el lado oscuro brillará". A lo mejor este año tienes suerte y conoces a alguien especial.

De repente me paro y observo lo que hay a mi alrededor. No conozco esta zona de la ciudad. Miro en todas las calles que desembocan aquí, pero tampoco las conozco. Vamos, que me he perdido. Me siento en el suelo (habiendo mirado antes que estuviera poco o nada sucio), apoyo la espalda contra una pared e intento recordar el camino que he hecho hasta llegar aquí, pero no lo consigo. Desesperada, pongo mi cabeza sobre las rodillas y comienzo a llorar.

-¡No puedo volver al piso! ¡Esto es imposible! ¿Por qué me has tenido que dejar?
-Disculpa, ¿puedo ayudarte en algo?

Alzo la vista y veo a un chico mirándome preocupado. Parece tener unos tres años más que yo, lleva el pelo con rastas, es más alto que yo y es bastante guapo ("¿Por qué piensas eso, L? ¿Qué diría Jared?"¡Cállate, estúpida voz interior! ¡¡Jared acaba de romper conmigo, por si no te acuerdas!!). Antes de quedar como una idiota, le contesto.

-Hola. Sí, por favor. Estaba dando una vuelta y me he perdido. No conozco bien la ciudad, y vivo en xxxxxxxxxxx. ¿Sabes cómo llegar hasta allí?
-Sí, sé cómo, pero está bastante lejos de aquí. Berlín es una ciudad muy grande, no me extraña que te hayas perdido. Si quieres te acompaño para que no te vuelvas a perder.
-De acuerdo. Muchas gracias, espero que no te moleste.
-¡Para nada! No tenía nada que hacer y había salido para dar un paseo cuando te he visto, así que me has animado un poco la tarde- y me dedica una gran sonrisa.
-Vale-yo también le sonrío- ¿Nos vamos?
-Ok. Por cierto, ¿cómo te llamas?

Empezamos a caminar.

-Leticia. ¿Y tú?
-Tom. No eres de aquí, ¿verdad? Déjame adivinar de dónde eres.
-Ok.
-¿Española?
-Sí. ¿Cómo lo has sabido?
-Por tu acento...
-Lógico.
-...y porque las españolas tenéis algo que no tienen las demás chicas. No puedo explicarlo, pero en cuanto te he visto me he dicho: "¡Anda, una chica española! ¿Qué hará ella por aquí?"
-Ah. Tú sí que eres de aquí, ¿no?
-Ajá. ¿Y qué hace una chica española de dieciocho años como tú sola por la ciudad?
-¡No te he dicho mi edad!
-Bueno, soy un poquito intuitivo. Pero respóndeme, anda.
-He venido a estudiar Traducción e Interpretación a la universidad. Había venido con...

No puedo seguir hablando. Me quedo totalmente callada y hay un silencio un poco incómodo entre Tom y yo.

-¿Habías venido con alguien? ¿Y dónde está?

Empiezo a llorar.

-Venga, Leti, no llores más.

Sigo llorando.

-Me parece que he dado en el clavo de por qué estás sola. Esa persona era tu novio, ¿no es así?

Asiendo con la cabeza, ya que no me siento capaz de hablar.

-Te acaba de dejar y has pensado que un paseo te aliviaría un poco, pero no mirabas bien por dónde ibas y has terminado perdiéndote.
-Pues sí que eres intuitivo-le digo con una sonrisa triste.

Dejo de llorar. Se ríe.

-Venga, sigamos. Creo que queda poco para que lleguemos.
-De acuerdo.

Seguimos caminando hasta llegar a una heladería que hay cerca del piso donde vivo. Tom me mira.

-¿Te apetece tomar un helado antes de subir a tu piso?
-Vale, pero invito yo.
-¿Por qué, Leti?
-Porque, de no ser por ti, me habría quedado en esa calle para siempre. Por eso hoy invito yo.
-Vaaaleeeee. Pero la próxima vez, invito yo, ¿eh?
-Vale. ¡Eh, un momento! ¿La próxima vez?
-Sí. No me importaría ir a dar una vuelta o tomar un helado de vez en cuando. Algunas veces salgo con mi hermano y nuestros amigos, pero no me importaría variar un poco de vez en cuando.
-De acuerdo. A mí tampoco me importaría salir a dar una vuelta alguna vez, ya que la única persona con la que había venido...
-...ha sido tan cabrona que te ha dejado totalmente sola en una ciudad donde no conoces a nadie.
-Bueno, eso. ¿Entramos?
-Ok.

Entramos en la heladería. Ya había estado antes, pero sola, porque Jared es diabético y aquí no venden helados sin azúcar. Fuimos al mostrador a elegir el helado.

-¿Cuál quieres, Tom?
-Umm, no sé.
-¿Has probado éste, el de nueces de Macadamia con caramelo y chocolate?
-No.
-Pues está buenísimo (tanto como tú, Tom. "Jaaaaaareeeeeed". ¡Silencio, voz de mi interior! "JAAAAAAAAAAAREEEEEEEEEEED" ¿Por qué no te callas?).
-Vale, pues me pido ese. ¿Y tú sabes cuál pedir?
-Pues....no.
-Éste está de muerte, el de limón, menta y miel.
-Lo había visto antes, pero me parecía una mezcla tan extraña que no lo he probado por miedo a que supiera asqueroso. Aunque si tú dices que está bien...
-¿Sólo "bien"?
-...entonces, lo probaré.
-Está bien, pidámoslos antes de que nos echen por estar hablando todo el rato sin comprar nada.
-Ok-sonrío.

Pedimos los helados y nos sentamos en una mesa.

martes, 26 de junio de 2012

Hola, fan fic de Tokio Hotel a la vista :P

Pues eso. Esta es una historia en la que están incluidos los miembros de la banda alemana Tokio Hotel. ¡Espero que os guste! (=