-¡Hola, chicos, ya era hora! –Les dice Bill.
-Que no hemos tardado tanto, Bill –Comenta
el del pelo castaño.
-Eso, sólo han sido diez minutos –Añade el
moreno.
-Anda, callaos ya –Dice Tom.
Me río. Los otros chicos me miran.
-Chica nueva, ¿eh, Tom? –Comenta el castaño.
-Siempre estáis igual, chicos –Se queja Tom–.
Dejad que os presente –Por Dios, que no les cuente lo mismo que a las chicas de
antes; por Dios, que no lo haga; Tierra, trágame si se lo cuenta…–. Esta es
Leticia, una estudiante española que ha venido a estudiar Traducción a la
universidad –Uff, menos mal–. Leti, estos son Georg –señala al chico del pelo
largo– y Gustav –Al de las gafas.
-Encantada. Tom me ha hablado un poco de
vosotros –Nos estrechamos las manos.
-¿Y qué te ha dicho? –Me pregunta Georg.
-Bueno, que es el mejor de Tokio Hotel, pero
que no dejáis de eclipsarlo para que no se note.
-Tom, te la has cargado –Dice Gustav.
-Sí, la acabas de liar pero buena –Añade
Georg, frunciendo el ceño en dirección a Tom.
-¡Es broma, chicos! –Les digo.
-Ah, vale –Responden ambos.
Hay algo de silencio, no del tenso, sino de
ese silencio que hay cuando te han gastado una broma y has caído a la primera.
-Me ha dicho Tom que te gusta el heavy metal
–Le comento a Georg.
-Sí, me encanta –Me responde–. ¿Por qué lo
dices?
-Porque a uno de mis amigos también le gusta
mucho. Si quieres te paso su MSN.
-No hay ningún problema con el idioma,
¿verdad? –Me cuestiona.
-¡Por supuesto que no! No habla alemán, pero
es una de las personas que mejor habla inglés que conozco.
-Vale, pásamelo ahora y lo escribo en el
móvil.
-Ok, su MSN es xxxxxxxxxx@xxxxxxxx.xxxx
Lo escribe mientras se lo digo. Al terminar,
cierra el móvil y se lo guarda.
-Bueno, ¿qué estabais haciendo antes de que
llegáramos? –Pregunta Gustav.
-Comer pipas –Le responde Bill–. Coged unas
pocas si queréis.
Nos pasamos un rato mirando el estanque y
comiendo pipas. Cuando se acaba la bolsa, empezamos a hablar otra vez.
-Entonces, ¿ya habéis grabado una maqueta?
–Lanzo la pregunta para ver quién me contesta antes.
-Pues sí –Me contestan los cuatro a la vez.
-Pero sólo la hemos vendido en nuestros
barrios y alrededor de ellos –añade Tom–, así que lo de antes ha sido un poco
raro.
-¿El qué de antes? –Pregunta Gustav con
curiosidad mal disimulada.
-Nada, dos chicas que se han acercado para
ver si éramos parte del grupo –Responde Bill.
-Ahhh –Excelente expresión de sentimientos a
cargo de Georg y Gustav.
-¿Y qué les habéis dicho? –Cuestiona Georg.
-Que sí –Dice Tom.
Más silencio. Me fijo en que está oscuro ya
y que está saliendo la Luna. No bostezo, pero no me faltan ganas.
-Chicos –comento–, no quiero ser un incordio
pero seguro que tenéis algo que hacer mañana, ¿no?
-Yo, sí –Me contesta Gustav–. Tengo que
ayudar a mis padres con la limpieza del piso.
-Y yo le prometí a mi madre que recogería y
ordenaría mi habitación –Me dice Bill.
-Yo tengo que ir a hacer recados y comprar
cuerdas para mi bajo –Me comenta Georg
-Pues yo no tengo nada que hacer –Nos
comunica Tom, sonriendo y estirándose.
-¡Como siempre! –Dicen Bill, Georg y Gustav
a la vez. Nos reímos todos, incluido Tom.
-Yo voy a ordenar un poco el piso en el que
vivo, pero, aparte de eso, no voy a hacer nada más –Finalizo.
-Si quieres, te acompañamos a casa –Me
ofrecen los cuatro. Miro a Tom de reojo. ¿Soy yo, o la idea no le agrada mucho?
-No hace falta, creo que puedo llegar sola y
sin perderme.
-Si acaso te puedo acompañar yo –me dice Tom–,
como no tengo que hacer nada mañana por la mañana...
-Bueno, vale –Le digo, sintiéndome bastante
feliz e intentando que no se note mucho, aunque creo que no lo consigo, porque
me parece ver una mirada cómplice entre Bill, Georg y Gustav.
-¡Hasta luego! –Nos despedimos ambos
simultáneamente.
-¡Chao! –Se despiden los otros.
Cuando se han alejado, Tom y yo empezamos a
andar despacio. Me da la mano (¿Por qué mi corazón late tan rápido? "Eso,
¿por qué? ¿Te has olvidado de Jared?" No sé por qué, pero me estás
empezando a parecer un poco cansina, ¿sabes?).
-Perdona –me dice Tom, que (¿me lo estoy
imaginando?) está un poco colorado–, es que no me gustaría que te pasara nada
mientras te acompaño hasta tu casa.
-No te preocupes, no me molesta –Si él está
colorado, yo soy un tomate maduro vivo. Menos mal que es de noche y no se nota
tanto...
Seguimos andando. Se me acaba de ocurrir un
tema de conversación (una cosa que ha dicho antes me ha dejado intrigada).
-Oye, Tom.
-Dime, Leti.
-Antes has dicho que no tienes nada que
hacer mañana por la mañana. ¿Es que por la tarde sí?
-Sí, tenemos planes.
-¿"Tenemos"?
-Bill, Georg, Gustav y yo. Vamos a tocar un
rato en el garaje de la casa de Gustav.
-Ahh.
-Hablando
de eso, me gustaría preguntarte una cosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario