martes, 3 de junio de 2014

Capítulo 5

-¡Hola, chicos, ya era hora! –Les dice Bill.
-Que no hemos tardado tanto, Bill –Comenta el del pelo castaño.
-Eso, sólo han sido diez minutos –Añade el moreno.
-Anda, callaos ya –Dice Tom.

Me río. Los otros chicos me miran.

-Chica nueva, ¿eh, Tom? –Comenta el castaño.
-Siempre estáis igual, chicos –Se queja Tom–. Dejad que os presente –Por Dios, que no les cuente lo mismo que a las chicas de antes; por Dios, que no lo haga; Tierra, trágame si se lo cuenta…–. Esta es Leticia, una estudiante española que ha venido a estudiar Traducción a la universidad –Uff, menos mal–. Leti, estos son Georg –señala al chico del pelo largo– y Gustav –Al de las gafas.
-Encantada. Tom me ha hablado un poco de vosotros –Nos estrechamos las manos.
-¿Y qué te ha dicho? –Me pregunta Georg.
-Bueno, que es el mejor de Tokio Hotel, pero que no dejáis de eclipsarlo para que no se note.
-Tom, te la has cargado –Dice Gustav.
-Sí, la acabas de liar pero buena –Añade Georg, frunciendo el ceño en dirección a Tom.
-¡Es broma, chicos! –Les digo.
-Ah, vale –Responden ambos.

Hay algo de silencio, no del tenso, sino de ese silencio que hay cuando te han gastado una broma y has caído a la primera.

-Me ha dicho Tom que te gusta el heavy metal –Le comento a Georg.
-Sí, me encanta –Me responde–. ¿Por qué lo dices?
-Porque a uno de mis amigos también le gusta mucho. Si quieres te paso su MSN.
-No hay ningún problema con el idioma, ¿verdad? –Me cuestiona.
-¡Por supuesto que no! No habla alemán, pero es una de las personas que mejor habla inglés que conozco.
-Vale, pásamelo ahora y lo escribo en el móvil.
-Ok, su MSN es xxxxxxxxxx@xxxxxxxx.xxxx

Lo escribe mientras se lo digo. Al terminar, cierra el móvil y se lo guarda.

-Bueno, ¿qué estabais haciendo antes de que llegáramos? –Pregunta Gustav.
-Comer pipas –Le responde Bill–. Coged unas pocas si queréis.

Nos pasamos un rato mirando el estanque y comiendo pipas. Cuando se acaba la bolsa, empezamos a hablar otra vez.

-Entonces, ¿ya habéis grabado una maqueta? –Lanzo la pregunta para ver quién me contesta antes.
-Pues sí –Me contestan los cuatro a la vez.
-Pero sólo la hemos vendido en nuestros barrios y alrededor de ellos –añade Tom–, así que lo de antes ha sido un poco raro.
-¿El qué de antes? –Pregunta Gustav con curiosidad mal disimulada.
-Nada, dos chicas que se han acercado para ver si éramos parte del grupo –Responde Bill.
-Ahhh –Excelente expresión de sentimientos a cargo de Georg y Gustav.
-¿Y qué les habéis dicho? –Cuestiona Georg.
-Que sí –Dice Tom.

Más silencio. Me fijo en que está oscuro ya y que está saliendo la Luna. No bostezo, pero no me faltan ganas.

-Chicos –comento–, no quiero ser un incordio pero seguro que tenéis algo que hacer mañana, ¿no?
-Yo, sí –Me contesta Gustav–. Tengo que ayudar a mis padres con la limpieza del piso.
-Y yo le prometí a mi madre que recogería y ordenaría mi habitación –Me dice Bill.
-Yo tengo que ir a hacer recados y comprar cuerdas para mi bajo –Me comenta Georg
-Pues yo no tengo nada que hacer –Nos comunica Tom, sonriendo y estirándose.
-¡Como siempre! –Dicen Bill, Georg y Gustav a la vez. Nos reímos todos, incluido Tom.
-Yo voy a ordenar un poco el piso en el que vivo, pero, aparte de eso, no voy a hacer nada más –Finalizo.
-Si quieres, te acompañamos a casa –Me ofrecen los cuatro. Miro a Tom de reojo. ¿Soy yo, o la idea no le agrada mucho?
-No hace falta, creo que puedo llegar sola y sin perderme.
-Si acaso te puedo acompañar yo –me dice Tom–, como no tengo que hacer nada mañana por la mañana...
-Bueno, vale –Le digo, sintiéndome bastante feliz e intentando que no se note mucho, aunque creo que no lo consigo, porque me parece ver una mirada cómplice entre Bill, Georg y Gustav.
-¡Hasta luego! –Nos despedimos ambos simultáneamente.
-¡Chao! –Se despiden los otros.

Cuando se han alejado, Tom y yo empezamos a andar despacio. Me da la mano (¿Por qué mi corazón late tan rápido? "Eso, ¿por qué? ¿Te has olvidado de Jared?" No sé por qué, pero me estás empezando a parecer un poco cansina, ¿sabes?).

-Perdona –me dice Tom, que (¿me lo estoy imaginando?) está un poco colorado–, es que no me gustaría que te pasara nada mientras te acompaño hasta tu casa.
-No te preocupes, no me molesta –Si él está colorado, yo soy un tomate maduro vivo. Menos mal que es de noche y no se nota tanto...

Seguimos andando. Se me acaba de ocurrir un tema de conversación (una cosa que ha dicho antes me ha dejado intrigada).

-Oye, Tom.
-Dime, Leti.
-Antes has dicho que no tienes nada que hacer mañana por la mañana. ¿Es que por la tarde sí?
-Sí, tenemos planes.
-¿"Tenemos"?
-Bill, Georg, Gustav y yo. Vamos a tocar un rato en el garaje de la casa de Gustav.
-Ahh.
-Hablando de eso, me gustaría preguntarte una cosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario