martes, 3 de junio de 2014

Capítulo 6

-¿Ah, sí? Pregúntamelo, por favor.

Parece nervioso. ¿Qué irá a preguntarme?

-Emm, ¿te gustaría acompañarnos al garaje?
-¿En serio? –Le pregunto, un poco intrigada.
-Sí. Me gustaría saber si te gusta la música que tocamos.
-Ahh.

Me quedo pensativa. Estoy deseando ir.

-Entonces, ¿vienes?
-¡Vale! Siento curiosidad por saber cómo es vuestra música –Y le muestro una gran sonrisa.

Él también me sonríe abiertamente. Seguimos andando y, un poco después, llegamos al portal del edificio en el que está mi piso. Saco las llaves y abro la puerta.

-¿Te importa si te acompaño hasta tu piso? –Me cuestiona Tom.
-No, para nada.

Subimos las escaleras (es un edificio de tres pisos, no tiene ascensor) hasta el segundo piso y entro.

-Adelante, pasa –Le digo.
-¿En serio no te importa?
-¡Por supuesto que no! –Otra sonrisa abierta mutua.

Estoy un poco nerviosa y no sé por qué. Será por dejar pasar a un chico que he conocido hoy mismo a mi piso.

Entra y mira un poco a su alrededor. Vamos al salón, que está un poco desordenado (había estado buscando un bolígrafo y me había olvidado de reordenar todo).

-Perdona el desorden, Tom.
-No te preocupes, estoy acostumbrado. Esto no es nada comparado con mi habitación en sus peores días.

Nos reímos. Aunque estoy nerviosa, me siento feliz. ¿Qué me pasa?

-Bueno, ¿te apetece beber algo? –Le pregunto–. Tengo agua, zumo de naranja y Aquarius.
-Zumo de naranja, si no te importa.
-Vale, ahora te lo traigo.

Salgo del salón y voy a la cocina. Cojo dos vasos, abro el frigorífico y echo el zumo tras agitarlo. Llevo los vasos con mucho cuidado (soy un poco torpe) al salón y los pongo en la mesita. Veo que Tom ya ha cogido asiento en el sofá. Yo me quedo de pie.

-¿Te apetece algo más?
-No, estoy bien –Me contesta–. Anda, no te quedes de pie. Siéntate aquí –Y me señala el hueco que hay a su lado.

Me siento junto a él. (¿Cómo es posible que no oiga los fuertes latidos de mi corazón?) Nos tomamos el zumo en silencio. Cuando lo terminamos, Tom vuelve a hablar.

-Me voy ya, no quiero ser una molestia.
-No, si no eres ninguna molestia.
-Pero es bastante tarde, y tienes que dormir, y yo también –Bosteza. Tiene unos dientes blanquísimos.
-De acuerdo  –Yo también bostezo–. ¡Me has pegado el bostezo!

En ese momento suena el móvil de Tom.

-¿Sí? (...) Ah, hola, Bill –Tapa el teléfono–. Mi hermano. Siempre es tan oportuno… –Me río. Él destapa el celular– . (...) Ajá. (...)Sí. (...)Vale, enseguida estoy ahí. (...)No me había dado cuenta de la hora. (...) Que sí, pesado, que voy ahora. (...) En veinticinco minutos o así estoy en casa. (...)Hasta ahora.
-¿Qué quería Bill?
-Oh, nada. Me ha dicho que es tarde y que vaya a casa ya. Como si tuviera derecho a mandarme lo que tengo que hacer. Si fuera mi madre, vale, pero él es el menor,  así que tendría que ser al revés, pero nada.
-Te entiendo perfectamente –Le digo–. Me pasa lo mismo con mi hermano.
-¡Ay, los hermanos pequeños! –Exclamamos los dos.

Nos volvemos a reír.

-Bueno, pues me tengo que ir ya –Me comenta Tom.
-Ten cuidado, anda, que es tarde y no sabes lo que te puedes encontrar a estas horas por la calle –Le aconsejo.
-No te preocupes, Leti, estaré bien –Me dice un poco con aires de chulito, pero no me importa–. Nos vemos mañana enfrente de la heladería.
-¿Por qué ahí? –Le pregunto, aunque creo saber la respuesta.
-Porque está cerca de aquí, y así no te pierdes –¡Lo sabía! –. Ya te llamaré para decirte la hora
-De acuerdo –Le sonrío–. ¡Hasta mañana!
-¡Hasta mañana!

Justo después se acerca a mí y me da un beso en la mejilla, pero bastante cerca de mis labios. Le acompaño a la entrada y se va tras despedirnos con la mano. Cierro la puerta, me voy a mi habitación y me pongo el pijama. Me tumbo en la cama y me quedo un rato pensando en todo lo que ha pasado hoy hasta que, totalmente agotada, caigo dormida. Ésa es la primera noche en la que Tom me visita en sueños.

Capítulo 5

-¡Hola, chicos, ya era hora! –Les dice Bill.
-Que no hemos tardado tanto, Bill –Comenta el del pelo castaño.
-Eso, sólo han sido diez minutos –Añade el moreno.
-Anda, callaos ya –Dice Tom.

Me río. Los otros chicos me miran.

-Chica nueva, ¿eh, Tom? –Comenta el castaño.
-Siempre estáis igual, chicos –Se queja Tom–. Dejad que os presente –Por Dios, que no les cuente lo mismo que a las chicas de antes; por Dios, que no lo haga; Tierra, trágame si se lo cuenta…–. Esta es Leticia, una estudiante española que ha venido a estudiar Traducción a la universidad –Uff, menos mal–. Leti, estos son Georg –señala al chico del pelo largo– y Gustav –Al de las gafas.
-Encantada. Tom me ha hablado un poco de vosotros –Nos estrechamos las manos.
-¿Y qué te ha dicho? –Me pregunta Georg.
-Bueno, que es el mejor de Tokio Hotel, pero que no dejáis de eclipsarlo para que no se note.
-Tom, te la has cargado –Dice Gustav.
-Sí, la acabas de liar pero buena –Añade Georg, frunciendo el ceño en dirección a Tom.
-¡Es broma, chicos! –Les digo.
-Ah, vale –Responden ambos.

Hay algo de silencio, no del tenso, sino de ese silencio que hay cuando te han gastado una broma y has caído a la primera.

-Me ha dicho Tom que te gusta el heavy metal –Le comento a Georg.
-Sí, me encanta –Me responde–. ¿Por qué lo dices?
-Porque a uno de mis amigos también le gusta mucho. Si quieres te paso su MSN.
-No hay ningún problema con el idioma, ¿verdad? –Me cuestiona.
-¡Por supuesto que no! No habla alemán, pero es una de las personas que mejor habla inglés que conozco.
-Vale, pásamelo ahora y lo escribo en el móvil.
-Ok, su MSN es xxxxxxxxxx@xxxxxxxx.xxxx

Lo escribe mientras se lo digo. Al terminar, cierra el móvil y se lo guarda.

-Bueno, ¿qué estabais haciendo antes de que llegáramos? –Pregunta Gustav.
-Comer pipas –Le responde Bill–. Coged unas pocas si queréis.

Nos pasamos un rato mirando el estanque y comiendo pipas. Cuando se acaba la bolsa, empezamos a hablar otra vez.

-Entonces, ¿ya habéis grabado una maqueta? –Lanzo la pregunta para ver quién me contesta antes.
-Pues sí –Me contestan los cuatro a la vez.
-Pero sólo la hemos vendido en nuestros barrios y alrededor de ellos –añade Tom–, así que lo de antes ha sido un poco raro.
-¿El qué de antes? –Pregunta Gustav con curiosidad mal disimulada.
-Nada, dos chicas que se han acercado para ver si éramos parte del grupo –Responde Bill.
-Ahhh –Excelente expresión de sentimientos a cargo de Georg y Gustav.
-¿Y qué les habéis dicho? –Cuestiona Georg.
-Que sí –Dice Tom.

Más silencio. Me fijo en que está oscuro ya y que está saliendo la Luna. No bostezo, pero no me faltan ganas.

-Chicos –comento–, no quiero ser un incordio pero seguro que tenéis algo que hacer mañana, ¿no?
-Yo, sí –Me contesta Gustav–. Tengo que ayudar a mis padres con la limpieza del piso.
-Y yo le prometí a mi madre que recogería y ordenaría mi habitación –Me dice Bill.
-Yo tengo que ir a hacer recados y comprar cuerdas para mi bajo –Me comenta Georg
-Pues yo no tengo nada que hacer –Nos comunica Tom, sonriendo y estirándose.
-¡Como siempre! –Dicen Bill, Georg y Gustav a la vez. Nos reímos todos, incluido Tom.
-Yo voy a ordenar un poco el piso en el que vivo, pero, aparte de eso, no voy a hacer nada más –Finalizo.
-Si quieres, te acompañamos a casa –Me ofrecen los cuatro. Miro a Tom de reojo. ¿Soy yo, o la idea no le agrada mucho?
-No hace falta, creo que puedo llegar sola y sin perderme.
-Si acaso te puedo acompañar yo –me dice Tom–, como no tengo que hacer nada mañana por la mañana...
-Bueno, vale –Le digo, sintiéndome bastante feliz e intentando que no se note mucho, aunque creo que no lo consigo, porque me parece ver una mirada cómplice entre Bill, Georg y Gustav.
-¡Hasta luego! –Nos despedimos ambos simultáneamente.
-¡Chao! –Se despiden los otros.

Cuando se han alejado, Tom y yo empezamos a andar despacio. Me da la mano (¿Por qué mi corazón late tan rápido? "Eso, ¿por qué? ¿Te has olvidado de Jared?" No sé por qué, pero me estás empezando a parecer un poco cansina, ¿sabes?).

-Perdona –me dice Tom, que (¿me lo estoy imaginando?) está un poco colorado–, es que no me gustaría que te pasara nada mientras te acompaño hasta tu casa.
-No te preocupes, no me molesta –Si él está colorado, yo soy un tomate maduro vivo. Menos mal que es de noche y no se nota tanto...

Seguimos andando. Se me acaba de ocurrir un tema de conversación (una cosa que ha dicho antes me ha dejado intrigada).

-Oye, Tom.
-Dime, Leti.
-Antes has dicho que no tienes nada que hacer mañana por la mañana. ¿Es que por la tarde sí?
-Sí, tenemos planes.
-¿"Tenemos"?
-Bill, Georg, Gustav y yo. Vamos a tocar un rato en el garaje de la casa de Gustav.
-Ahh.
-Hablando de eso, me gustaría preguntarte una cosa.